| VIAJE 🌎| Nuestra guía por Madeira con parada en Lisboa y un bebé de 5 meses

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Hoy quiero hablaros de un viaje que hemos hecho recientemente: Madeira con un bebé de casi 5 meses y con una parada en Lisboa :-)

La verdad es que Madeira era un destino que no me llamaba especialmente la atención, pero porque tampoco sabía mucho sobre él. Mi pareja sí que quería ir, y al final le dije que sí, porque Madeira es un sitio al que se va, sobre todo, a hacer senderismo. Así que pensamos que ahora era el momento o nunca, porque al bebé le encanta ir en la mochila de porteo y, para hacer senderismo, nos venía perfectamente. En cuanto ande, lo tendremos mucho más complicado.

Además, Madeira es un sitio bastante complicado para ir con capazo o cochecito. Hay muchísimo terreno irregular, cuestas y caminos en los que, directamente, no te planteas llevar una sillita. Y como el bebé todavía no podía ir en una silla de paseo, decidimos hacer todo el viaje con la mochila de porteo y sin llevar ningún tipo de carrito/capazo.

Tuvimos que hacer una parada en Lisboa porque no había vuelo directo desde donde estamos en España. Allí sí que vi un par de empresas en las que puedes alquilar un capazo o una silla de paseo por días, por si no quieres cargar con todo durante el viaje. Pero al final decidimos que, para un solo día, no nos merecía la pena. Y es que en Madeira, sobre todo, ni de palo nos veíamos yendo con el capazo o la sillita. ¡Es que todo es cuesta arriba, cuesta abajo o terreno irregular!

Primera parada: lisboa por 2 noches

Llegamos un sábado a Lisboa a la tarde y nos quedamos allí hasta el lunes por la mañana, cuando volamos a Madeira. Yo ya conocía Lisboa, aunque había estado hace muchísimos años.

A pesar de que fuimos a principios de octubre todavía había bastante turismo. Había muchos españoles, pero también muchísimos americanos, alemanes, franceses…

Si es vuestra primera vez en Lisboa, hay un montón de sitios que merece la pena visitar, pero nosotros nos centramos en el centro, Alfama, Chiado y Bairro Alto. Nos dejamos fuera algunos de los lugares más famosos, como la Torre de Belém o el Monasterio de los Jerónimos, porque ya los había visitado anteriormente y, para un día, preferíamos ir con más calma. Empezamos el día recorriendo Alfama y parando en una cafetería para un iced latte porque hacía mucho calor y a por unos pasteles de nata bien ricos en Manteigaria.

Alfama es una zona para perderse un poco por sus calles estrechas, subir y bajar cuestas y disfrutar de las fachadas, los azulejos y los rincones que te vas encontrando por el camino. Es aquí también donde va el famoso tranvía 28, pero va siempre completamente lleno y con todo el mundo de pie dentro, es muy característico y todo el mundo quiere probarlo pero es que a mí esas cosas me agobian un montón y no me gusta ir como una sardina en lata.

También pasamos por los alrededores del castillo de San Jorge, aunque lo vimos solo por fuera, y fuimos recorriendo el barrio sin demasiada prisa. También merece la pena acercarse a los miradores de Santa Luzia y Portas do Sol, desde donde tienes unas vistas preciosas de los tejados de Lisboa y del río Tajo.

Después de pasar el día caminando, paramos en Al Tapas. La verdad es que fue una parada sin más. La chica que nos atendió no parecía demasiado contenta de que solo quisiéramos pedir unas bebidas, así que tampoco es un sitio que os recomendaría especialmente.

Para cenar, en cambio, fuimos a Taberna do Bairro Alto, donde cenamos platos típicos a muy buen precio y todo rico.

Madeira, un súper descubrimiento

De verdad, Madeira me ha encantado. Es una isla súper salvaje, con unos paisajes que son una pasada. Antes de ir estuve investigando bastante sobre ella y me llamó mucho la atención su historia. La isla fue descubierta por navegantes portugueses a principios del siglo XV y, cuando llegaron, no tenía población permanente y se instalaron allí con sus respectivas familias. Madeira tiene algo especial. Vas recorriendo la isla y te encuentras con montañas, vegetación por todas partes, carreteras con unas vistas increíbles y paisajes que parecen de otro mundo.

Antes de ir, una persona me dijo: «Buah, el sur ni te lo plantees, porque es como Benidorm». Y, de verdad, ¡qué exageración! Para nada me pareció eso. Nosotros nos alojamos a unos 30 minutos de Funchal andando, la capital, en un barrio llamado San Martinho y nos pareció una opción súper buena. Nos quedamos en el Hotel Pestana Carlton Madeira y estuvimos súper a gusto.

Sí que alquilamos un coche porque si quieres ver la isla y recorrerla, lo necesitas sí o sí. Lo alquilamos a través de Point Car Rental Madeira y muy contentos con el servicio.

Llegamos al mediodía a Madeira y cogimos el coche de alquiler allí mismo en el aeropuerto. Como no podíamos hacer el check in en el hotel hasta las 3 de la tarde, nos dedicamos a explorar el norte. Es una zona preciosa, la menos poblada y la más bonita.

Puedes empezar por Machico, que fue la primera capital de Madeira y que está a solamente 5 minutos conduciendo del aeropuerto. Nosotros al final nos saltamos este pueblo y fuimos directamente a Porto Da Cruz, dimos un paseo por la costa y después volvimos a coger el coche para dirigirnos a Santana, famosa por sus casitas tradicionales con tejados de paja.

Esto tal vez sea una opinión personal mía, pero lo que me llevo del norte, a parte de lo precioso y bonito que me ha parecido, es que cada parada que hemos hecho en los pueblecitos de esa zona, ha sido de 30 minutos o poco más. Al final me parece que como te alojes en el norte, no hay nada. Un restaurante o dos en ciertos lugares pero poco más, no me gustan las ciudades grandes pero no me alojaría en el norte porque me parece demasiado… ¿tranquilo? tal vez esa sea la palabra jaja. Además, que las carreteritas para ir al norte se las traen, creo que es la isla más difícil en la que he conducido :-)

En Santana aprovechamos para parar a comer por allí. Paramos en Serra e Mar y fue un acierto total. Por cierto, tenéis que probar la bebida de Madeira Brisa maracuya, está deliciosa. Es como un kas o fanta de fruta de la pasión. ¡Buenísimo! Y si quieres alcohol, elige Poncha, un aguardiente que hacen allí con caña de azúcar y zumo de limón o naranja. Está fuerte fuerte jaja. En Porto Da Cruz hay un museo gratis del ron donde te cuentan un poco más la historia de la caña de azúcar en la isla.

Tras estas dos paradas, nosotros decidimos volver ya al hotel y quedarnos allí a cenar.

Importante: todas las rutas que quieras hacer tienes que reservarlas con antelación, pagando una tasa por persona y eligiendo el horario de entrada. Hicimos dos rutas en dos días diferentes y NADIE nos pidió el ticket, pero aún así, tú cómpralo y tenlo contigo. Tenéis el link aquí para acceder a las rutas y al pago.

Este día lo dedicamos a hacer la PR18, conocida como Levada do Rei. Las levadas son uno de los grandes atractivos de la isla. Son canales de agua tradicionales que recorren las montañas y que hoy en día permiten hacer rutas de senderismo por bosques y paisajes increíbles. Hacer senderismo era una de las cosas que más ganas teníamos de hacer en Madeira, y viajar con el bebé en la mochila de porteo nos permitió disfrutar de este tipo de planes. Eso sí, siempre hay que tener en cuenta la dificultad, la duración y el estado del camino antes de elegir una ruta con un bebé tan pequeño.

La mayoría de personas que veíamos eran personas que parecían profesionales en el senderismo, yo me sentía un poco ridícula con mis skechers normales y llevando a un bebé en una mochila jaja. Tuvimos suerte ya que ese día hizo sol y las vistas eran preciosas, pero me pareció una ruta un poco monótona, todo el rato súper estrecha cerca de las levadas y con muchísimo barro, la verdad es que íbamos andando despacio y con mucho cuidado por el bebé. Pensaba que tal vez sería un rato estrecha al principio y que luego se abriría el camino grande pero no.

Después de la caminata, dejamos la tarde libre para descansar en el hotel y recuperar un poco de energía en la piscina y cenando en uno de los restaurantes del hotel.

El miércoles lo dedicamos a conocer Funchal, la capital de Madeira. Como he comentado antes nosotros nos alojábamos a media hora andando del centro así que muy bien.

Uno de los lugares más conocidos es el Mercado dos Lavradores, el mercado de los agricultores, donde puedes encontrar frutas tropicales, flores y productos típicos de la isla. Es un sitio bastante turístico, pero merece la pena darse una vuelta para ver el ambiente y descubrir algunos de los productos locales.

Después, continuamos paseando por el centro histórico y visitamos la Sé, la catedral de Funchal. También teníamos apuntado visitar una bodega de vino de Madeira para hacer una degustación y el Madeira Story Centre, un museo dedicado a la historia de la isla, pero no lo hicimos. Acababa de llegar un crucero enorme esa mañana así que el centro estaba algo más lleno y además empezó a llover, así que buscamos refugiarnos en un restaurante para aprovechar que era también la hora de la comida. Hicimos una parada en A Tendinha que yo lo había visto recomendado pero me dijeron que no había sitio y todo estaba reservado, así que hice una parada en A Bica. Fue un acierto total, lleno de gente local comiendo, con esas mesas en las que te ponen el mantel de papel, van a toda prisa y en cuanto acabas de comer ya están sentando al siguiente jaja. Comimos muy bien de precio y todo rico.

Otro de los lugares que teníamos en la lista era el Jardín Botánico, pero estaba a una hora andando así que lo dejamos.

Hicimos una parada en Zebra Gelato Artesanal y volvimos andando hacia el hotel donde también cenamos allí.

Es una de las cosas que tiene el tener un bebé, tienes que hacer pequeños cambios de planes :-)

Para el jueves teníamos previsto hacer otra ruta de senderismo. Entre las opciones que habíamos mirado estaban la PR9.1 y la PR6.2, dos alternativas para seguir descubriendo los paisajes naturales de la isla.

Si estáis organizando un viaje parecido, os recomiendo mirar las rutas con antelación y comprobar siempre su estado, los posibles cierres y las condiciones meteorológicas. El tiempo puede cambiar bastante en función de la zona y de la altitud.

Al final nos decantamos por reservar la ruta PR9.1, llegamos sobre las 11 de la mañana y había 2 policías que nos pararon y nos dijeron que el parking de arriba estaba completamente lleno así que teníamos que aparcar allí mismo donde estaban ellos. Cuando salimos del coche el policía me preguntó si íbamos a hacer la ruta con el bebé andando, dije que sí y me dijo que nos recomendaba coger un taxi o un Uber ya que desde ese parking hasta donde empieza la ruta hay 1 hora andando y es todo cuesta hacia arriba. No nos lo podíamos creer. Al final apareció por allí un taxi y como había sitio nos metimos, nos llevó en 5 minutos por 10€. Cuando llegamos al comienzo de la ruta lo vimos muy complicado, el tiempo parecía otro, todo con algo de lluvia y una niebla muy profunda… aún así decidimos intentarlo. Hay una pequeña cafetería así que decidimos hacer una parada para un café pero sólo aceptaban efectivo y como no teníamos no pudimos tomar nada. Empezamos la ruta pero estaba todo encharcado y con muchísimo barro así que al de media hora o menos nos dimos la vuelta.

Fue una pena la verdad, pero era imposible y de hecho estuvimos de acuerdo en pensar que aunque no tuviéramos al bebé, nos hubiésemos dado la vuelta igualmente.

En lugar de coger un taxi de vuelta al parking, bajamos andando y fueron unos 40-45 minutos. Pero unas cuestas tremendas, de verdad que no recomiendo hacerlo andando. O empiezas la ruta súper pronto cogiendo sitio en el parking de arriba o te coges un taxi.

El viernes dejamos la mañana libre antes de coger el vuelo de vuelta al mediodía.

Después de varios días recorriendo la isla, haciendo senderismo y levantándonos para aprovechar el día, también se agradece tener un ratito para ir con más calma, desayunar tranquilamente y preparar las cosas antes de volver.

Nos quedamos con ganas de seguir descubriendo Madeira, porque hay muchísimos rincones que nos habría gustado visitar.

Además de la ruta que organizamos para cada día, también estuvimos mirando varios lugares de la costa oeste que merecen la pena si tenéis más tiempo para recorrer la isla.

Entre ellos está Cabo Girão, famoso por su mirador situado sobre unos acantilados impresionantes; Ponta do Sol, un pueblo costero con mucho encanto; y Paúl da Serra, una gran meseta montañosa con un paisaje bastante diferente al de otras zonas de Madeira.

También teníamos apuntado Porto Moniz, conocido por sus piscinas naturales de origen volcánico, donde puedes bañarte si las condiciones lo permiten. Es un buen sitio para hacer una parada y comer.

Otros lugares interesantes son São Vicente, en la costa norte; el paso de montaña de Encumeada, con unas vistas espectaculares; y Ribeira Brava, que puede venir muy bien para hacer una última parada antes de volver hacia Funchal.

Si tenéis más días, yo intentaría dedicar una jornada completa a recorrer esta zona, porque hay bastantes lugares donde parar y disfrutar del paisaje.

Una de las cosas que también nos apetecía hacer durante el viaje era probar la gastronomía típica de Madeira. Antes de ir, estuvimos investigando restaurantes y apuntamos varios sitios que nos llamaron la atención, no nos dio tiempo a ir pero os los paso por si queréis probarlos.

  • Casa de Pasto das Eiras: lo teníamos apuntado para probar el atún a la parrilla.
  • Maravilhas Regional: para probar pulpo.
  • Restaurante e Bar Panorâmico: una opción que encontramos buscando sitios donde comer con vistas.
  • Versus Café: lo teníamos como opción para tomar algo o comer un sándwich.
  • Arraial do Ribeiro Frio: apuntado para probar las famosas espetadas, las brochetas de carne típicas de Madeira.

Y, por supuesto, hay algo que tenéis que probar sí o sí cuando vayáis a Madeira: el bolo do caco.

Es un pan tradicional de la isla, elaborado con boniato, que suele servirse caliente con mantequilla de ajo. Está buenísimo y también es muy típico comerlo como acompañamiento o relleno de un bocadillo. Vamos, que nosotros no nos íbamos a ir de Madeira sin probarlo.

En general, creo que Madeira es un destino súper completo, porque puedes combinar naturaleza, senderismo, pueblos con encanto, gastronomía y días de relax. Y, aunque nosotros fuimos con un bebé de casi cinco meses, pudimos disfrutar de muchísimas cosas adaptando un poco los planes.

Si queréis saber algún detalle más o tenéis dudas, podéis mandarme un email a holahappysoul@gmail.com o enviarme un mensaje.

Un abrazo,

Paula

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