Bienvenidos a un Sábado Hippie & Dulce más :-) hoy os traigo una receta de cafĂ© con leche especiada que espero que os encante para tomarla mientras leĂ©is la historia que hoy quiero contaros… Estos Ăşltimos dĂas he estado pensando mucho una vez más sobre lo importante que es estar bien con uno mismo. De lo esencial que es no depositar nunca tu felicidad en manos de otra persona. Porque como al fin y al cabo bien dicen, eres tĂş la Ăşnica persona con la que vas a pasar el resto de tu vida.
En tus dĂas bajos tĂş debes esforzarte en aportar luz, cuando estĂ©s triste tĂş eres quien debe hacerte feliz. Cuando estĂ©s sola, tĂş eres quien debe darte compañĂa. TĂş eres quien debe aceptarte con tus más y con tus menos. AsĂ que cuĂdate, mĂmate y quiĂ©rete mucho.
[El Amor & La Felicidad]
[Quiero contarte una vieja historia sobre un hombre que no creĂa en el amor. Se trataba de una persona normal, como tĂş y como yo, pero lo que lo hacĂa especial era su manera de pensar: estaba convencido de que el amor no existĂa. HabĂa acumulado mucha experiencia en su intento de encontrar el amor, por supuesto, y observado a la gente que tenĂa a su alrededor. Se habĂa pasado buena parte de su vida intentando encontrar el amor y habĂa acabado por descubrir que el amor no existĂa.
Dondequiera que fuese solĂa explicarle a la gente que el amor no era otra cosa que una invenciĂłn de los poetas, una invenciĂłn de las religiones que intentaban, de este modo, manipular la dĂ©bil mente de los seres humanos para controlarlos y convertirlos en creyentes. DecĂa que el amor no era real y que, por esa razĂłn, ningĂşn ser humano lo encontrarĂa jamás aun cuando lo buscase.
El hombre continuĂł hablando incansablemente de todas las razones por las cuales creĂa que el amor no existĂa y siguiĂł diciendo: «Yo ya he pasado por todo eso. No volverĂ© a permitir que nadie manipule mi mente y controle mi vida en nombre del amor». Sus argumentos eran bastante lĂłgicos y convenciĂł a mucha gente con sus palabras. El amor no existe.
Sin embargo, un dĂa, este hombre saliĂł a dar un paseo por un parque, donde se encontrĂł, sentada en un banco, a una hermosa mujer que estaba llorando. Cuando advirtiĂł su llanto, sintiĂł curiosidad, se sentĂł a su lado y le preguntĂł si podĂa ayudarla. TambiĂ©n le preguntĂł por quĂ© lloraba. Puedes imaginar su sorpresa cuando ella le respondiĂł que estaba llorando porque el amor no existĂa. Él dijo: «Esto es increĂble: ¡una mujer que cree que el amor no existe!». Por supuesto, quiso saber más cosas de ella.
-¿Por qué dice que el amor no existe? -le preguntó.
-Bueno, es una larga historia -replicĂł ella-. Me casĂ© cuando era muy joven, estaba muy enamorada, llena de ilusiones y tenĂa la esperanza de compartir mi vida con el que se convirtiĂł en mi marido. Nos juramos fidelidad, respeto y honrarnos el uno al otro, y asĂ creamos una familia. Pero, pronto, todo empezĂł a cambiar. Yo me convertĂ en la tĂpica mujer consagrada al cuidado de los hijos y de la casa. Mi marido continuĂł progresando en su profesiĂłn y su Ă©xito e imagen fuera del hogar se volviĂł para Ă©l en algo más importante que su propia familia. Me perdiĂł el respeto y yo se lo perdĂ a Ă©l. Nos herĂamos el uno al otro, y en un momento determinado, descubrĂ que no le querĂa y que Ă©l tampoco me querĂa a mĂ. Pero los niños necesitaban un padre y esa fue la excusa que utilicĂ© para continuar manteniendo la relaciĂłn y apoyarle en todo. Ahora los niños han crecido y se han independizado. Ya no tengo ninguna excusa para seguir junto a Ă©l. Entre nosotros no hay respeto ni amabilidad. SĂ© que, aunque encontrase a otra persona, serĂa lo mismo, porque el amor no existe. No tiene sentido buscar algo que no existe. Esa es la razĂłn por la que estoy llorando.
Como la comprendĂa muy bien, la abrazĂł y le dijo:
-Tiene razĂłn, el amor no existe. Buscamos el amor, abrimos nuestro corazĂłn, nos volvemos vulnerables y lo Ăşnico que encontramos es egoĂsmo. Y, aunque creamos que no nos dolerá, nos duele. No importa cuántas relaciones iniciemos; siempre ocurre lo mismo. Entonces Âżpara quĂ© seguir buscando el amor?.
Se parecĂan tanto que pronto trabaron una gran amistad, la mejor que habĂan tenido jamás. Era una relaciĂłn maravillosa. Se respetaban mutuamente y nunca se humillaban el uno al otro. Cada paso que daban juntos les llenaba de felicidad. Entre ellos no habĂa ni envidia ni celos, no se controlaban el uno al otro y tampoco se sentĂan poseedores el uno del otro. La relaciĂłn continuĂł creciendo más y más. Les encantaba estar juntos porque, en esos momentos, se divertĂan mucho. Además, siempre que estaban separados se echaban de menos.
Un dĂa Ă©l, durante un viaje que lo habĂa llevado fuera de la ciudad, tuvo una idea verdaderamente extraña. PensĂł: «Mmm, tal vez lo que siento por ella es amor. Pero esto resulta muy distinto de todo lo que he sentido anteriormente. No es lo que los poetas dicen que es, no es lo que la religiĂłn dice que es, porque yo no soy responsable de ella. No tomo nada de ella; no siento la necesidad de que ella cuide de mĂ; no necesito echarle la culpa de mis problemas ni echarle encima mis desdichas. Juntos es cuando mejor lo pasamos; disfrutamos el uno del otro. Respeto su forma de pensar, sus sentimientos. Ella no hace que me sienta avergonzado; no me molesta en absoluto. No me siento celoso cuando está con otras personas; no siento envidia de sus Ă©xitos. Tal vez el amor sĂ existe, pero no es lo que todo el mundo piensa que es».
A duras penas pudo esperar a volver a casa para hablarle de su extraña idea. Tan pronto empezĂł a explicársela, ella le dijo: «SĂ© exactamente lo que me quieres decir. Hace tiempo que vengo pensando lo mismo, pero no quise compartirlo contigo porque sĂ© que no crees en el amor. Quizás el amor sĂ que existe, pero no es lo que creĂamos que era». Decidieron convertirse en amantes y vivir juntos, e increĂblemente, las cosas no cambiaron entre ellos. Continuaron respetándose el uno al otro, apoyándose, y el amor siguiĂł creciendo cada vez más. Eran tan felices que incluso las cosas más sencillas les provocaban un canto de amor en su corazĂłn.
El amor que sentĂa Ă©l llenaba de tal modo su corazĂłn que, una noche, le ocurriĂł un gran milagro. Estaba mirando las estrellas y descubriĂł, entre ellas, la más bella de todas; su amor era tan grande que la estrella empezĂł a descender del cielo, y al cabo de poco tiempo, la tuvo en sus manos. DespuĂ©s sucediĂł otro milagro, y entonces, su alma se fundiĂł con aquella estrella. Se sintiĂł tan inmensamente feliz que apenas fue capaz de esperar para correr hacia la mujer y depositarle la estrella en sus manos, como una prueba del amor que sentĂa por ella. Pero en el mismo momento en el que le puso la estrella en sus manos, ella sintiĂł una duda: pensĂł que ese amor resultaba arrollador, y en ese instante, la estrella se le cayĂł de las manos y se rompiĂł en un millĂłn de pequeños fragmentos.
Ahora, un hombre viejo anda por el mundo jurando que no existe el amor, y una hermosa mujer mayor espera a un hombre en su hogar, derramando lágrimas por un paraĂso que una vez tuvo en sus manos pero que, por un momento de duda, perdiĂł. Esta es la historia del hombre que no creĂa en el amor. ÂżQuiĂ©n de los dos cometiĂł el error? ÂżSabes quĂ© es lo que no funcionĂł? El que cometiĂł el error fue Ă©l al pensar que podĂa darle su felicidad a la mujer. La estrella era su felicidad y su error fue poner su felicidad en las manos de ella. La felicidad nunca proviene del exterior. Él era feliz por el amor que emanaba de su interior; ella era feliz por el amor que emanaba de sĂ misma. Pero, tan pronto como Ă©l la hizo responsable de su felicidad, ella rompiĂł la estrella porque no podĂa responsabilizarse de la felicidad de Ă©l.
No importa cuánto amase la mujer al hombre, nunca hubiera podido hacerle feliz porque nunca hubiese podido saber quĂ© es lo que Ă©l querĂa. Nunca hubiera podido conocer cuáles eran sus expectativas porque no podĂa conocer sus sueños.
Si tomas tu felicidad y la pones en manos de alguien, más tarde o más temprano, la romperá. Si le das tu felicidad a otra persona, siempre podrá llevársela con ella. Y como la felicidad sólo puede provenir de tu interior y es resultado de tu amor, sólo tú eres responsable de tu propia felicidad. Jamás podemos responsabilizar a otra persona de nuestra propia felicidad, aunque cuando acudimos a la iglesia para casarnos, lo primero que hacemos es intercambiar los anillos. Colocamos la estrella en manos de la otra persona con la esperanza de que nos haga felices y de que nosotros la haremos feliz a ella. No importa cuánto ames a alguien, nunca serás lo que esa persona quiere que seas.
Ese es el error que la mayorĂa de nosotros cometemos nada más empezar. Asentamos nuestra felicidad en nuestra pareja y no es asĂ como funciona. Hacemos todas esas promesas que somos incapaces de cumplir, y entonces, nos preparamos para fallar.] Extracto del libro “La maestrĂa del amor”.
Chai Coffee
1
raciĂłn15
minutosEste café está delicioso porque tiene muchas especias lo que lo hacen súper especial y diferente. Os recomiendo que os dejéis la leche preparada la noche anterior porque asà cogerá mucho mejor los sabores de las especias.
Ingredientes
1/2 taza de café recién hecho
1/2 taza de bebida vegetal de avena
1/4 cucharadita de nuez moscada
1/4 cucharadita de jengibreÂ
1/2 cucharadita de canela
Clavo (yo pongo 2)
1 vaina de cardamomoÂ
PreparaciĂłn
- Colocamos la bebida vegetal y todas las especias en un cazo y ponemos al fuego. Cuando llegue a ebulliciĂłn, retiramos y dejamos reposar un buen rato. Antes de irnos a la cama, quitamos las especias, tapamos el cazo con un plato y reservamos hasta el dĂa siguiente.Â
- A la mañana siguiente preparamos el cafĂ© y cuando lo tengamos listo, le añadimos la bebida especiada.Â
Notas
- *Nota: el cardamomo tenéis que abrirlo y retirar las semillas negras que hay dentro, esas son las que usaremos. La cáscara la podéis tirar.
- ** Si querĂ©is espuma, con la bebida de avena normal no conseguimos mucha, pero podĂ©is probar con alguna especial de avena ediciĂłn Barista :-) (¡la de Oatly es mi favorita!).Â

Paula
❤
